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14 de abril de 2015
SHARON OLDS - "El niño injustamente castigado"
El niño grita en su cuarto. La rabia
le sube a la cabeza.
Pasando por estadios como el metal
a altas temperaturas.
Cuando se calme y salga por esa puerta
no será más el mismo que corrió
dando el portazo. Una aleación le añadieron. Ahora
se va quebrar en otra parte cuando lo golpeen.
Es más fuerte. La infinita impurificación
ha comenzado esta mañana.
SHARON OLDS - "Artificio"
Mi madre
la maga
puede hacer
que aparezcan
huevos en su mano.
Mis ovarios
aparecen en su mano, negros como
higos
y dedos arrugados de tanto
lavar.
Cierra su mano,
y cuando la abre,
nada.
Se saca de los oídos bufandas de seda
de todos los colores, joyas de su
boca,
leche de sus pezones. Desnuda
sobre el tablado blanco,
hace sus números,
mi madre la maga.
Se saca los ojos.
Las cuencas vacías
se llenan de aceite
que rezuma bourbon y
heces.
Por las ventanas de su
nariz
saca pergaminos
que arden.
En el grand finale
se saca lentamente a mi
padre
de su coño,
y poniéndolo en un sombrero de
seda
lo desaparece.
Dije que ella puede hacer que todo
se vuelva nada, es un vacío en el
espacio,
lo máximo,
la mejor maga. Todo
lo que he sacado de mi
boca
frente a ustedes.
SHARON OLDS - "Unidad de quemados"
Cuando mi madre habla de la Unidad de
Quemados
que ha donado al hospital de su
ciudad,
mi pelo asciende y flamea como
humo
en el aire que rodea mi cabeza. Menciona
las
camas en su nombre, los baños en suspensión
y
kilómetros cuadrados de venda, y pienso en
los
años con ella, yo su hija,
como
sin piel, dando vueltas en
carne
viva, con quemaduras de primer grado en el
noventa
por ciento del cuerpo. Solía quedarme pegada a las
puertas
que intentaba cruzar, a las sillas de las
que
intentaba levantarme,
jirones
que se desprendían fácilmente
como
carne de cerdo muy hecha, y nadie me
daba
una gasa, o un corte de mantequilla para
que
se fundiese en mi costado crujiente, pero
cuando
gritaba, ella me arrimaba a
su
plancha ardiendo, cuando la cabeza calcinada apestaba
ella
me arrastraba más y más a la
habitación
en llamas de su vida. Así que cuando habla de
su
Unidad de Quemados imagino a una
niña
que llegará allí, flotará en un
agua
turbia como lágrimas, un colgajo suspendido en
una
bañera de ungüento, chupando hielo
mientras
apagan las diminutas llamas que
quedan
en el pelo cercano al cerebro, y
digo
Déjala dormir cuanto quiera, permítele
salir
indemne, sin ninguna marca
que
honre el poder del fuego
SHARON OLDS - "El final"
Decidimos los dos abortar,
convertirnos
juntos en asesinos. El periodo que
vendría
no cambió nada. Estaban muertos, esa joven
pareja
para toda una vida.
Mientras lo hablábamos en la cama, el
accidente
no fue una sorpresa. Nos acercamos a la
ventana,
vimos los coches aplastados y el
reflejo
curvo de los añicos de cristal, como si
hubiéramos
sido nosotros. La policía sacó los
cuerpos
ensangrentados como partos por la
abertura
humeante de la puerta, los
pusieron
en un alto, los cubrieron con mantas
que
calaban. La sangre
empezó a chorrear
por mis piernas hasta las zapatillas. Me
quedé
donde estaba hasta que lanzaron el
bulto
por el agujero negro
de la ambulancia y levantaron al
otro
con una venda en la
cabeza,
con manchas donde había habido
ojos.
A la mañana siguiente tuve que
arrodillarme
en ese suelo durante una hora, limpiar mi
sangre
frotando con trapos mojados aquellas
manchas
oscuras y traslúcidas, como se deja en
agua
un tiempo el molde para ablandar el
glasé
cuando acaba el banquete.
SHARON OLDS - "Barómetro"
Por ser la hermana menor de una mujer
que abandonó a su hija —dejándola a mitad de
camino,
como se tira un marido— no soy como las otras
madres.
Por las noches, voy al cuarto de mi
hija,
y escucho el sonido en la cisterna
de su respiración; voy al cuarto de mi hijo, el
grillo
todavía vivo en su garganta, en su
pecho;
Quisiera poder inclinarme sobre mi propia
cama
y escuchar mi respiración, para saber el clima
que viene.
13 de abril de 2015
SHARON OLDS de "The Gold Cell"
Los veo de pie, cada uno en la puerta oficial de su
universidad,
veo a mi padre pasear sin rumbo
bajo el arco de ocre arenisca, los
azulejos rojos centellean como combadas
bandejas de sangre tras su cabeza, yo
veo a mi madre con algunos libros finos apoyados en la
cadera,
de pie junto al pilar hecho de ladrillos diminutos con
la
puerta de hierro forjado todavía abierta tras ella,
sus
puntas de espada negras en el aire de mayo,
están a punto de graduarse, están a punto de
casarse,
son niños, son tontos, todo lo que saben es que
son
inocentes, nunca le harían daño a nadie
Quiero ir hasta ellos y decirles Parad,
no lo hagáis, ella es la mujer equivocada,
él es el hombre equivocado, vais a hacer cosas
que no imaginabais que haríais,
vais a hacer cosas malas a los niños,
vais a sufrir de formas que nunca habíais oído,
vais a querer morir. Quiero ir
hasta ellos allí en la tardía luz de mayo y
decirles,
la cara hambrienta, preciosa, en blanco de ella volviéndose hacia
mí,
su cuerpo hermoso, digno de compasión, sin
tocar,
la cara arrogante, atractiva, ciega de él volviéndose hacia
mí,
su cuerpo hermoso, digno de compasión, sin
tocar,
pero no lo hago. Quiero vivir. Yo
los levanto como al muñeco y la muñeca
de papel y golpeo uno contra otro
a la altura de las caderas como esquirlas de piedra como
para
que salten chispas de ellos, les digo
Haced lo que vais a hacer, y yo lo contaré.
(Traducción de María Solís)
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