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22 de abril de 2015

ARNI IBSEN : "Mundo"





Mi abuela
Tenía una pequeña cocina en Akranes.
El lavaplatos estaba metido en una esquina
Y una pequeña ventanita estaba arrinconada en la despensa.
Y ahí también había un Frigider,
Un magnifico aparato, solamente encontrado
En casas selectas.

A veces,
Cuando el mundo crecía lo suficiente para un niño pequeño,
La abuela lo dejaba sentado sobre el Fridigider.
Ahí paraba de llorar
Sosteniendo el mundo en la palma de su mano.

Ahora
La abuela está muerta
Y se fue quién sabe donde,
Pero el pequeño niño ha crecido,
Y carga un Frigider en su espalda
Y el mundo lo sostiene en la palma de su mano.

ARNI IBSEN : "Montaña"



A la memoria de Sóley Eiriksdóttir I957-I994

1.
Cuando la niebla del valle
cubre tras de sí el borde de las montañas
- u otras nubes oscuras
se quedan
solas.
Insinuando
el santuario.

2.
Una carretera
atraviesa mi camino
hacia la montaña…
los rápidos de la carretera,
sin vado.
Sin agua murmurando.
Pero autos zumban -
Un muro de ruido
en lugar de rocío…

3.
Algunos disgustos
debieron de crear este montículo
La respuesta del lugar,
quizás,
a toda el pequeño
orden de montes
alrededor. Así
se mantienen
altos. Un
símbolo de nobleza
en la adversidad.

ARNI IBSEN : "Aki"





La vida es débil pero
siempre un indicador de grandeza.
Especialmente en la infancia.

A veces se vuelve incluso difícil
con el tiempo. Especialmente
si el frenesí de la infancia

se aferra a ella y
la existencia depende
de una lucha contra el coraje

y la falta de él.
Nada nos hiere una vida
tanto como eso.

Comounjunco
que se curva cuando
la tormenta estalla.



ARNI IBSEN : "Curioso presagio en el corazón de la materia"





Sin desear esconderse,
dentro o fuera
del discurso,
pero llevándolo adelante -
soberbio carruaje
con un protegido silencio.
Pero las palabras
fallaron;
Se quedó solo
Manos vacías
en el corazón de la materia;
una muda señal en el aire.

Por unos instantes: nada,
su imagen quieta.
Súbitamente
una manzana roja se posó
en la palma de su mano
pero su mano
no pudo reaccionar,
no pudo alzarse hasta su boca.

Se fijó en esta
hasta que su mente
hizo una sustituta,
una perfecta
representante
sin peso
insustancial
la cubierta artesanal
de un pantano.

Lentamente levantó su cabeza,
cerró sus ojos
y los abrió:
A pocos pasos,
sobre el piso junto al radiador,
se sentó un búho de orejas cortas.
Se cernió
sobre la corona de su cabeza
sin notarlo.
Ahora solo necesita palabras
para sopesar
este miedo,
a encontrar
su mirar fijo
y a que lo llame, silenciosamente.