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16 de abril de 2015

HENRI MICHAUX - "Vejez de Polágoras"




Me gustaría saber por qué sigo
siempre al caballo cuyas riendas sujeto.

Con la edad —dice Polágoras— he acabado siendo como un campo en el que hubo una batalla, batalla de hace siglos, batalla de ayer, un campo de muchas batallas.
 
Los muertos, nunca muertos del todo, vagan en silencio, o reposan. Se les creería libres del deseo de vencer.
 
Pero de pronto, se animan, los que están en el suelo se levantan y, completamente armados, atacan. Acaban de encontrar al fantasma de su adversario de antaño que sacudido a su vez, de golpe, se precipita febrilmente hacia delante, presto a defenderse, obligando a mi corazón sorprendido a acelerar su movimiento en mi pecho y en mi ser enfurruñado que se anima a disgusto.
 
Libran sus batallas entre ellos, sin nunca interferirse con las anteriores ni con las siguientes, cuyos héroes desconocidos y apacibles deambulan hasta que, encontrando a su vez a su adversario contemporáneo, se yerguen al instante y se lanzan irresistiblemente al combate.
 
Por eso soy mayor —dice Polágoras— por esta acumulación.
 
Abrumado por batallas ya libradas, reloj de escenas cada vez más numerosas que retumban, mientras yo quisiera estar en otro lado.
 
Y así, como un hogar a merced del Poltergeist, vivo sin vivir, lugar de posesiones que ya no me interesan, aunque sigan apasionándose entre sí y rehaciéndose tumultuosamente en un febril devanar que yo no puedo paralizar.
 
La sabiduría no ha llegado —dice Polágoras— la palabra se atraganta cada vez más, pero la sabiduría no ha llegado.
 
A lo largo de la vida, mi atención, como una aguja sismográfica, me ha recorrido sin dibujarme, me ha tanteado sin formarme.
 
En la aurora de la vejez, ante la llanura de la Muerte, sigo buscando aún, sigo buscando siempre —dice Polágoras— la pequeña presa lejana que en mi infancia edificó mi orgullo, cuando con mis armas blandas y un escudo ínfimo, me paseaba entre los acantilados de oscuros adultos.
 
Pequeña presa que hice, creyendo que actuaba bien, que actuaba maravillosamente, para asentarme como fortaleza no desalojable. Pequeña presa demasiado sólida que fabricó mi resistencia.
 
Y no es la única.
 
¡Cuántas más construí durante mi loca defensa, durante mis años espantados!
 
A todas, recubiertas de fibras vivientes, tengo que localizar ahora.
 
Mi desfalleciente vida que sólo un hilillo tiene, busca con avidez los torrentes que aún se derrochan y la obra magnífica del valiente pequeño constructor ha de ser derruida en provecho del viejo avaro aferrado a la vida.
 

HENRI MICHAUX - "Inmensa voz"





Inmensa voz
que sorbe
que sorbe

Inmensas voces que sorben
que sorben
que sorben

Río, me río solo para otro
para otro
para otro coleto

Río, el cañón que ríe tengo
cañoneando el cuerpo
yo, tengo, estoy

¡en otro sitio!
¡en otro sitio!
¡en otro sitio!

Una brecha, ¿qué hace?
¿qué hace una rata?
¿una araña?

Perdí a mi padre por ser mal labrador
no, no traigáis un farol
por tanto lo perdí

Las órdenes se dejaron de oír
acabóse la voz. Más ahogada, al menos
Después de veinte años, de nuevo, ¿qué estoy oyendo?

Inmensa voz que sorbe nuestras voces
inmenso padre reconstruido gigante
por el esmero, por la incuria de los acontecimientos

Inmenso Techo que cobija nuestros leños
nuestros sueños
que cobija gatas y ratas

Inmensa cruz que maldice nuestras balsas
que nos disgrega los sesos
que nuestras tumbas prepara

Inmensa voz para nada
para el sudario
para caer nuestras columnas

Inmenso «debe» «deber»
deber deber deber
inmenso imperioso puré

Con fingida grandeza
inmenso asunto que
nos hiela

¿Habíamos nacido para la ganga?
¿Habíamos nacido con los dedos rotos para consagrar la vida entera
a un mal planteado problema?

a un no sé qué para no sé quién
a un no sé quién para un no sé qué
siempre hacia un frío mayor?

¡Basta! Aquí no se canta
No conseguirás mi voz, gran voz
No conseguirás mi voz, gran voz

Tendrás que pasarte sin ella, gran voz
También tú pasarás
Pasarás, gran voz.


HENRI MICHAUX - "El gran combate"





Lo emparrulla y lo endosca contra el suelo;
Lo raguea y lo ruspetea hasta su drálito;
Lo pratelea y lo libuquea y le basuflea los olleros;
Lo tocardea y lo marminea,
El manageo rapa en ri y ripa en ra.
Por último lo descorcobaliza.

El otro duda, se despudriña, se desface, se retuerce y se desploma.
Pronto no quedará nada de él;
Se recupera y se enmargina... pero en vano
El aro cae si ha rodado mucho.
¡Abrah! ¡Abrah! ¡Abrah!
¡El pie ha resbalado!
¡La mano quebrado!
¡La sangre ha manado!
Hurga, hurga, hurga,
En la marmita de su vientre hay un gran secreto
Tarascas en torno que lloráis sobre vuestros pañuelos;
Se asombran, se asombran, se asombran
Y os miran
También nosotros buscamos el Gran Secreto.