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15 de abril de 2015

VLADIMIR MAYAKOVSKI - "La nube en pantalones"





A vuestros pensamientos que sueñan
sobre sus sesos reblandecidos como un gordo lacayo
sobre un sofá grasiento quiero irritarlos
con un jirón sangriento de mi corazón,
me burlaré hasta hartarme, mordaz y atrevido.

¡No tengo en el alma ni una sola cana
ni tampoco hay en ella ternura senil!
Ensordeciendo al mundo
con el poder de mi voz avanzo hermoso,
con mis veintidós años de existencia. ¡Los delicados
tocan el amor con tiernos violines!
Pero el rudo se sirve de timbales.
Prueben, como yo,
a darse vuelta como un guante y ser todo labios.
Salga a aprender
desde su sala de batista
la ceremoniosa funcionarla de liga angelical.

Y también la que hojea en silencio sus labios
como una cocinera un libro de recetas.

Si lo desean
comeré carne hasta ponerme rabioso
-y, como el cielo, mudaré de tonos-; si lo desean
seré impecablemente tierno.
No un hombre,
¡sino una nube en pantalones!

No creo que exista una Niza florida.
Por mi conducto otra vez serán loados
todos los hombres que yacen como un hospital
y todas las mujeres gastadas como un refrán.



VLADIMIR MAYAKOVSKI - "Muerte"





Jamás comprenderéis
por qué yo,
tranquilo,
entre el vendaval de burlas.
Llevo en un plato el alma
al festín de los años futuros.
Por el carrillo rasposo de las calles,
resbalando como lágrima inútil,
yo,
quizá sea
el último poeta.
¿Habéis visto?
En las avenidas pedregosas
se contonea
la cara listada de la abulia ahorcada,
y sobre la cerviz espumajosa
de los ríos veloces
retuercen los puentes sus brazos de hierro.
El cielo llora
desconsolado,
sonoro;
una nubecilla
una mueca en la comisura de los labios
parece una mujer que esperaba un niño
y Dios le dio un idiota tuerto.
Con dedos rollizos, cubierto de vello rojo,
el sol acarició con la insistencia del tábano
vuestras almas fueron esclavizadas a besos.
Yo, intrépido,
mantuve en los siglos el odio a los rayos de día;
con el alma tensa, como nervios de cable,
soy
el rey de las lámparas.
Vengan a mí
los que rasgaron el silencio,
los aullaron
cuando el dogal del mediodía apretó,
les mostraré,
con palabras
sencillas,. Como un mugido,
nuestras nuevas almas,
zumbantes,
como arcos de lámparas.
Apenas toque con los dedos vuestra cabeza
os crecerán los labios
para enormes besos
y una lengua
afín a todos los pueblos.
Yo, con el lama renqueante,
me retiraré a mi trono
con agujeros de estrellas en las bóvedas gastadas.
Me acostaré
luminoso
con ropas hechas de indolencia
sobre el blando lecho de estiércol legítimo
y silencioso,
besando las rodillas de las traviesas
me abrazará por el cuello la rueda de un tren. 


VLADIMIR MAYAKOVSKI - "Versos sobre el pasaporte soviético" (1929)




Como un lobo,
devoraría al burocratismo.
A las credenciales,
no les tengo respeto.
Pueden irse,
a todos los diablos...
cualquier papel,
pero éste...
Por el largo frente,
de cupés y camarotes,
un funcionario,
se mueve saludando.
Todos entregan los pasaportes,
y yo entrego
mi librito escarlata.
Ante algunos pasaportes,
una sonrisita en los labios.
Ante otros,
un desprecio único.
Con respeto,
por ejemplo toman,
al pasaporte inglés,
con un león grande de cama de dos plazas.
Sacando los ojos fuera de las órbitas,
sin dejar de inclinarse,
toman,
como si tomaran una propina
al pasaporte norteamericano.
Al polaco,
lo miran,
como un chivo mira un cartel.
Al polaco,
lo miran con ojos asombrados,
ceñidos en su chaqueta policial,
como quien dice:
-¿De dónde,
y qué es,
esa novedad geográfica?
Y sin dar vuelta la cabeza,
sin manifestar asombro alguno,
toman sin pestañear,
el pasaporte dinamarqués,
y de otros tantos suecos...
Y de pronto,
como si se hubiese quemado,
torció la boca el señor.
Es que...
el señor funcionario toma,
mi pasaporte de color escarlata.
Lo toma,
como una bomba,
lo toma,
como a un erizo,
como si tomara una navaja afilada,
lo toma,
como una víbora de cascabel de veinte
aguijones.
Le hizo un gesto significativo al changador,
para que llevara gratis las cosas.
El gendarme,
mira interrogante al pesquisa,
el pesquisa,
mira interrogante al gendarme.
Con qué placer,
de casta de gendarmes,
me azotarían,
o me harían crucificar,
por tener en las manos,
el pasaporte soviético,
el de la hoz y el martillo.
Yo,
como un lobo,
mordería al burocratismo,
a las credenciales,
no les tengo respeto.
¡Que se vayan,
todos al diablo,
cualquier papel,
pero éste!...
Yo saco,
del bolsillo,
de mis enormes pantalones,
un duplicado del pasaporte-,
carga de poco peso.
¡Leed,
envidiadme!
Yo soy
ciudadano,
de la Unión Soviética.

VLADIMIR MAYAKOVSKI - "Black and White"



Si a La Habana

se la mira desde lejos,

es un paraíso,

un país como se debe.

Bajo las palmas,

en los lagos,

están los flamencos

en un solo pie.

Florecen colores

por todo El Vedado.

En La Habana

todo está dividido:

a los blancos,

dólares;

a los negros,

nada.

Por eso,

Willie

está con el cepillo en la puerta,

en la puerta

de Henry Kley and Broock Limited.


Willie,

en su vida

limpió mucho polvo,

todo un bosque.

Por eso,

Willie

tiene ya poco pelo,

por eso,

Willie

tiene el vientre hundido.

Muy pocas son sus alegrías.
Seis horas para el sueño,

y listo.

Si no,

el inspector de impuestos del puerto
le quita una moneda al pobre negro.
¿Acaso se pueden salvar de esta mugre?
Únicamente si caminaran con la cabeza
juntarían más barro.
Los pelos son mil

y los pies,

sólo dos.

Aquella vez,

pasaba

por la vistosa calle Prado.

Suena y se enciende

el jazz.

Parece,

de veras,

que es un paraíso

La Habana.

Pero el cerebro de Willie

tiene poca siembra,

pocas circunvoluciones.

Lo único que aprendió Willíe,

más firme que las piedras del monumento a Maceo, es:


«El blanco

como piña madura,

el negro,

piña podrida.
El
blanco

hace trabajo blanco.

El negro,

trabajo negro.»
Pocos
problemas a Willie

le metieron en la cabeza,

pero uno de ellos

era el más grave de todos.
Y
cuando este problema

empezó a horadar la mente de Willie,

el cepillo

caía de sus manos. Y como a propósito,

en un momento así,

se acercó hacia él

el rey de los cigarros,

Henry Kley.

Llegó más blanco

que una nube.

el más solemne de los reyes

el rey del azúcar blanco.

El negro

se acercó a la mole blanca y le dijo:
«I
beg your pardon, mister Bregg:
¿Por
qué el azúcar

blanco-blanco

lo debe hacer

el negro-negro?
El
cigarro negro

no le queda bien a usted
Le
quedaría mejor

a un negro

de piel negra.

Y si usted

gusta del café con azúcar,
haga el favor

de prepararlo solo.»

La pregunta tiene sus consecuencias.
El rey,

de blanco se vuelve amarillo.
Se da vuelta el rey

y de un golpe

le arrojó los guantes.

Florecían alrededor

los prodigios de la botánica.

Los plátanos

tejían su verde red.

Se limpió el negro,

en sus pantalones blancos,

las manos,

y la sangre de la nariz.

Rezongó el negro,

con ojos de fuego,

levantó el cepillo,

con una mano,

y se fue.

¿De dónde podía saber el negro

que con esa pregunta
debía dirigirse a la lejana ciudad de Moscú?

Sobre este poema, Iván Ivanov-Vanó y Leonid Amalrik realizaron este cortometraje de animación en 1932.