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22 de abril de 2015

PHILIP LARKIN : "El álbum"






Al fin sacaste el álbum que, una vez
abierto, me dejó estupefacto. ¡Todas tus edades
en mate y brillo sobre las páginas negras!
Demasiado dulce, demasiado indigesto:
me ahogan esas imágenes tan nutritivas.

Mi ojo giratorio va de una pose a otra:
con trenzas, agarrando un gato reacio;
o con pieles, una encantadora licenciada;
o levantando una gruesa rosa
bajo un espaldar, con un sombrero de hombre

(un detalle perturbador, por varios motivos):
de todos lados escapas a mi control,
sobre todo acompañada de esos inquietantes individuos
que campan a sus anchas en una época anterior:
yo diría, querida, que no son de tu clase.

Pero ¡oh, fotografía! ¡No hay otro arte
tan fiel y decepcionante! Registra el tedio
como tedio, y las sonrisas forzadas
como fraudes, y no censura imperfecciones
en forma de tendedero o algún anuncio.

Pero muestra renuente al gato, y sombrea
la papada cuando aparece, ¡cuánta gracia
derrama en tu cara la inocencia!
¡Hasta qué punto nos convence
de que eres una chica real en un lugar real,

en todos los sentidos empíricamente cierta!
¿O es solo el pasado? Esas flores, esa verja,
esos parques y coches entre la niebla, afligen
tan solo porque ya no existen; me encoges
el corazón por parecer de otra época.
Sí, cierto; pero al final, seguramente, lloramos
no solo por la exclusión, sino porque eso
nos permite llorar. Sabemos que lo que fue
no nos incitará a justificar
nuestra pena, por fuerte que gritemos

en el abismo entre ojo y página. Y así
te lloro (sin que vaya a tener importancia)
al verte en equilibrio sobre una bici contra una cerca;
me pregunto si advertirías el robo
de ésta en bañador; condenso, en suma,

un pasado que ahora nadie puede compartir,
tanto da a quien pertenezca tu futuro; calmo e insípido,
te contiene como un cielo, y tú permaneces
en él invariablemente hermosa,
con los años más pequeña y mas nítida.

PHILIP LARKIN : "Todo se fue alejando"




La mirada apenas los distingue
de la fresca sombra que los cobija,
hasta que el viento alborota la cola y la melena;
entonces uno pasta, da unos pasos
–el otro parece observarlo–
y se detiene de nuevo en su anonimato.

Sin embargo, hace quince años
quizá dos docenas de carreras bastaron
para que entraran en la leyenda: lentas tardes
de copas, apuestas y hándicaps,
en las que sus nombres quedaron grabados
en desvaídos junios clásicos.

Colores en la salida: recortados contra el cielo
números y parasoles: fuera
escuadrones de coches vacíos y el calor,
y desperdicios en la hierba: el grito prolongado
que queda flotando hasta que remite y se imprime
en las columnas de última hora de los periódicos.

¿Quizá los recuerdos rondan sus oídos como moscas?
Sacuden la cabeza. El crepúsculo llena las sombras.
Verano tras verano todo se fue alejando,
los cajones de salida, el gentío y los gritos:
todo menos esos apacibles prados.
Sus nombres sobreviven en los almanaques; pero ellos

han olvidado sus nombres, y descansan,
o emprenden un galope que debe ser de alegría,
y ya no los siguen los prismáticos
ni los vaticinios de un cronómetro impertinente:
solo el mozo, y el hijo del mozo,
con las bridas cuando llega la noche.

PHILIP LARKIN : "Querer"





Ella quiere una taza llena de tazas y fantasmas
de las lesbianas del siglo pasado; Yo quiero
un impecable apartamento, un ordenador rápido. Ella quiere un hogar
tres cuerdas de ceniza, un hacha; Yo quiero
un hornillo de gas limpio. Ella quiere una hilera de tarros:
avena, cilantro, aceite virgen;
No quiero guardar nada. Ella quiere frasquitos de perfume,
ropa de cama, de bebé, libros de recuerdos. Ella quiere las reuniones
de Wellesley. Yo quiero la reluciente tarima, la reflexión
del río. Ella quiere las gambas, el sudor y la sal;
Ella quiere chocolate. Yo quiero un raku,
de arroz cocinado al vapor. Ella quiere cabras,
pollitos, niñitos. Llantos y lactancia. Yo quiero
que el viento refrescante del río limpie las habitaciones.
Ella quiere cumpleaños, teatros, banderas, peonias.
Yo quiero palabras como láseres. Ella quiere la ternura
de una madre. El tacto anciano del río.
Yo quiero una mujer de ingenio rápido como una raposa.
Ella está en su ciudad, paseando
con el perro, escuchando el tañir de las campanas del viento, pensando
en los doce años de querer, aparte y a la vez.
Nos hemos besado todo el fin de semana; queremos
alejarnos cientos de millas e intentarlo de nuevo.

PHILIP LARKIN : "Viento de bodas"





Sopló el viento todo el día de mi boda,
y mi noche de bodas noche fue del alto viento;
y una puerta del establo hizo tal ruido, una y otra vez,
que él tuvo que salir para cerrarla, dejándome
estúpida a la luz de las velas, oyendo la lluvia,
viendo mi cara en ese candelero retorcido,
y no veía nada sin embargo.
Cuando volvió dijo que los caballos estaban intranquilos,
me entristecí porque esa noche
a hombre o bestia alguna le faltase
esa felicidad que yo tenía.
Ahora, en la mañana
todo se ha enredado bajo el sol por el soplar del viento.
Él salió a ver las inundaciones, yo
llevo un balde destartalado al gallinero,
lo pongo en el suelo y miro fijamente. Todo es viento
cazando los bosques y las nubes, azotando
mi delantal y los trapos tendidos.
¿Puede aguantarse que al capricho del viento,
como sarta de cuentas,
se enciendan mis acciones de ahora en adelante?
¿Me dejaré dormir ahora que comparte mi cama esta eterna mañana?
¿Aún puede la muerte secar los deleitosos lagos nuevos, concluir
nuestros lamentos de ganado junto a las aguas todo-generosas?

PHILIP LARKIN : "Es extraño"





Es extraño no saber nada, nunca estar seguro
de qué es verdad o correcto o real,
pero forzado a calificar o “Siento que”
o “Bueno, parece” o
“Alguien debe saber”.

Es extraño ignorar la forma como las cosas funcionan,
sus habilidades para encontrar lo que necesitan,
su sentido de la forma, la puntual semilla esparcida
y la voluntad de cambio;
sí, es extraño

incluso usar ese conocimiento para nuestra carne
que nos rodea con nuestras propias decisiones
y todavía gastar toda nuestra vida en imprecisiones.
Es por eso que cuando empezamos a morir
no tenemos ni idea del porqué.

PHILIP LARKIN : "Curación por la fe"





Lentamente las mujeres se ponen en fila donde él está
erguido con sus anteojos sin marco, cabellera plateada,
traje oscuro, cuello blanco. Los ordenanzas incansablemente
las persuaden hacia su voz y sus manos,
dentro de cuya primaveral agua tibia de lluvia de cuidado amoroso
cada una permanece unos veinte segundos. Y bien, hija querida,
qué te anda mal, pregunta la profunda voz nortemericana
y casi sin pausa, pasa a una oración dirigiendo a Dios sobre este ojo, aquella rodilla.
Las cabezas soportan las manos abruptas; luego, exiladas
como pensamientos que se pierden, se van en silencio; algunas
se pierden como ovejas, no vuelven a sus vidas otra vez
de inmediato; otras se quedan duras, estremeciéndose y con fuertes
y profundas lágrimas roncas, como si un chico mudo
e idiota todavía viviera dentro de ellas
para volver a despertar ante la bondad, pensando que una voz
finalmente las llama a ellas solas, que las manos han venido
para alzar y aligerar; y llega un gozo tal
que sus gruesas lenguas se desbocan, sus ojos derraman pena, un gentío
de grandes respuestas inaudibles empuja y se regocija…
¡Qué está mal! Bigotudos se sacuden en etiqueta florida:
ahora todo anda mal. En todos los de allí duerme
un sentido de la vida vivida según el amor.
Para algunos significa la diferencia que podrían hacer
amando a otros, pero en la mayoría ronda
todo lo que podrían haber hecho si los hubieran amado.
Eso nada cura. Un inmenso dolor que debilita,
como cuando, derritiéndose, el rígido paisaje solloza,
se despliega lentamente a través de ellos… eso, y la voz arriba
diciendo Hija mía, y todo lo que el tiempo ha refutado.


PHILIP LARKIN : "Oh, lobos del recuerdo"






Tras orinar, vuelvo a la cama a tientas,
abro espesas cortinas, y me asustan
la limpidez lunar, las nubes rápidas.

Las cuatro: yacen prados de sombras acuñadas
bajo un cielo profundo, cavado por el viento.
En todo esto hay algo muy risible:

la forma en que la luna cruza nubes que flotan
vagamente, como humo de cañón, apartándose
(abajo, una luz pétrea afila los tejados)

elevada y absurda y separada.
¡Pastilla del amor! ¡Medalla de arte!
¡Oh, lobos del recuerdo! ¡Inmensidades! No,

uno tiembla ligero al levantar los ojos.
La dureza, el fulgor y la sencilla
unidad trascendente de esa vasta mirada

son un recordatorio del dolor y la fuerza

de ser joven; que no pueden volver,

pero en algún lugar están en otros, íntegros

PHILIP LARKIN : "Un escritor"





"Interesante, pero vana", decía su diario,
donde día a día anotaba sus movimientos
y nada excepto sus amores motivaba pesquisas;
sabía, claro, que ninguna acción tiene recompensa,
que no hay premios: aunque el ojo pueda percibir
gran belleza en un gesto o un silencio,
es necesario no esperar paga más duradera
que el momentáneo aplauso de las tripas.

Vivió años y años y nunca se sorprendió:
un miembro de su raza idiota y mentirosa
encontró una explicación para sus vicios: se dio cuenta
que era un don que poseía en exclusiva:
mirar al mundo de frente y a la cara;
la cara que no notó que era la suya.


PHILIP LARKIN : "Otra vez el amor"





Otra vez el amor: cascársela a las tres y diez
(sin duda él ya se la habrá llevado a casa),
el dormitorio caliente como una panadería,
agotado el alcohol, sin haberme mostrado
cómo dar la talla mañana, o después,
y el dolor de siempre, como disentería.

Algún otro sintiendo sus pechos y su coño,
algún otro ahogándose en esa mirada repleta de pestañas,
y es de suponer que yo debo ignorarlo,
o encontrarlo gracioso, o que no me importe,
incluso... ¿pero por qué ponerlo en palabras?
Mejor aislar este elemento

que se extiende a través de otras vidas como un árbol
y que en cierto sentido las apremia
y explicar por qué en mi caso nunca funcionó.
Algo que tiene que ver con la violencia
de hace mucho tiempo, y las equivocadas recompensas,
y la arrogante eternidad.


PHILIP LARKIN : "Annus Mirabilis"




El intercambio sexual comenzó
en mil novecientos sesenta y tres
(un poco tarde para mí)
cuando le levantaron la censura al Chatterley
y los Beatles grabaron su primer Long Play.

Hasta entonces sólo había existido,
Algo así como un regateo,
peleas por un anillo,
un bochorno que empezaba a los dieciséis
y se extendía sobre todo.

Entonces paró de golpe la pelea:
todos sintieron lo mismo
y vivir se transformó para cada uno
en un brillante saltar sobre una pata,
en un juego imposible de perder.

Así que la vida nunca fue mejor
que en mil novecientos sesenta y tres
(un poco tarde para mí):
cuando le levantaron la censura al Chatterley
y los Beatles grabaron su primer Long Play.

PHILIP LARKIN : "Decepciones"




“Por supuesto que estaba drogada, como sería que no recuperé el conocimiento sino hasta el otro día. Me aterraba la idea de descubrir que estaba arruinada y por algunos días nada podía consolarme; y lloraba como una niñita pidiendo que me mataran o me enviaran de vuelta con mi tía”. Mayhew, London labour and the London poor.

Aun a la distancia puedo sentir el dolor
Amargo y punzante como estaca, te hace tragar saliva.
La huella ocasional del sol, la breve y enérgica
Preocupación de las ruedas allá fuera en la calle
Donde el Londres nupcial hace una reverencia para el otro lado,
Y la luz, incontestable, alta y amplia
Prohíbe a las heridas cicatrizar, y saca
 
A la vergüenza de su escondite. Todo el día, sin apuros,
Tu mente ha permanecido abierta como el cajón de los cuchillos.
Los suburbios, los años, finalmente han terminado por hundirte.
Aunque pudiera, no te consolaría. Qué podría decirte,
Salvo que el sufrimiento es exacto, aunque si
el deseo interviene, ¿podrían volverse erráticas las lecturas?
Porque a ti difícilmente te importaría
 
Haber estado menos engañada, allá fuera sobre esa cama,
De lo que él lo estaba, tropezando sin aliento con los escalones
Hasta irrumpir en el ático desolado de la satisfacción.

PHILIP LARKIN : "Los lugares, los amados"




No, nunca he encontrado un lugar
del que pudiera decir
Esta tierra es mía,
Aquí debería quedarme;
Tampoco he conocido a ese alguien especial
Que me exigiera al tiro
Todo lo que es mío
Hasta mi nombre;
Encontrar algo así parece probar
Que no quieres tener que elegir dónde
Echar raíces, o a quien amar;
Les pides que te echen fuera
Irrevocablemente,
De modo que no sea tu culpa
Si la ciudad se vuelve monótona
Y la muchacha una tonta.
Con todo, incluso perdiéndolas
Quedas obligado a actuar
Como si lo que te tranquilizara
De hecho, te destrozara;
Así que será más sabio que dejes
De pensar que aún podrías hallar
Lo que hasta ahora no has llamado
Tu mujer, tu lugar.

PHILIP LARKIN : "Dinero"




Es así: periódicamente el dinero me reprocha
por qué lo dejo aquí sin utilizar.
Soy lo que nunca tuviste, el sexo y las cosas buenas.
Tú puedes conseguirlas firmando unos cuantos cheques.
Entonces miro qué hacen los demás con el suyo:
seguramente no lo dejan debajo del colchón.
Ellos ya tienen una casa en la playa, un auto y una mujer:
está claro que el dinero alguna relación guarda con la vida
-en efecto, tienen mucho que ver si lo averiguas:
no puedes postergar la juventud hasta que  jubiles
y por más que deposites tu sueldo, al final
tus ahorros apenas te permitirán pagar una afeitada.
Escucho el canto del dinero. Es como mirar
desde lo alto de un ventanal una ciudad de provincia,
sus barrios, el canal, las iglesias adornadas y locas
bajo el sol de la tarde. Es intensamente triste.

PHILIP LARKIN : "Un sepulcro en Arundel"




    Lado a lado, los rostros borroneados,
    Yacen en piedra el conde y la condesa.
    En propios hábitos muestran vagamente
    Armadura ensamblada, arruga tiesa,
    E indicio del absurdo evanescente,
    Los dos perritos a sus pies echados.


    Semejante llaneza prebarroca
    Difícilmente el ojo compromete
    Hasta que al fin descubre un guantele
    Te vacío en la otra mano asido
    Y con súbito asombro tierno enfoca
    La mano que la de ella ha retenido.


    No pensarían yacer tiempo tan largo.
    La efigie de lealtad como testigo
    Era un detalle para los amigos,
    Y para el escultor un dulce encargo
    Llamado a prolongarles el enlace
    De los nombres latinos en la base.


    No se imaginarían cuán ligero
    En su supino estacionario viaje
    El aire haría un insondable ultraje
    Qquitándoles las viejas propiedades;
    Cuán rápido los ojos venideros
    Sólo miran, no leen. En las edades


    Ellos siguieron rígidos y unidos
    Por la anchura del tiempo. Cayó nieve
    Intemporal. La luz, cada verano
    Rebasó del cristal. Brillante y leve,
    Un bullicio de pájaros rociaba
    El pavimento de huesos retenidos.
    Incontable, alterado, un río humano
    Por todos los senderos se allegaba


    Desdibujando sus identidades.
    Ahora, inermes en el hueco de una
    Época sin heráldica ninguna,
    Una artesa de humo que se mece
    Como madejas, lentamente, invade
    Por encima los fragmentos de su historia,
    Y para su memoria
    Una actitud tan sólo permanece:


    El tiempo los ha transfigurado
    En no verdad. Y la lealtad que inscribe
    La piedra, y que acaso no han deseado,
    Blasón final se ha vuelto; y un aserto
    Que nuestro casi instinto es casi cierto:
    Es el amor lo que nos sobrevive.

PHILIP LARKIN : "Al fracaso"




No viniste al modo dramático, con dragones
De esos que se llevarían mi vida entre sus garras
Y me arrojarían ya desecho tras las caravanas
Con los caballos empanicados, ni como una frase
Que se enuncia claramente para apaciguar lo que pudo perderse,
Lo que sale del bolsillo y debe aguantar
Los gastos, ni como una fantasma al que se ve
Ciertas mañanas correr por el pasto.

Son estas tardes sin sol en las que descubro
Que te has instalado en mi hombro como el aburrimiento.
Los avellanos están cargados de silencio.
Soy consciente de que los días pasan más rápido que antes,
Que huelen diferente. Y que una vez que quedan atrás
Parecen arruinados. Ahí has estado por cierto tiempo.

PHILIP LARKIN : "Los viejos tontos"




¿Qué creerán que ha pasado, los viejos tontos,
que los ha dejado así? ¿Acaso supondrán
que se es más maduro cuando la boca cuelga abierta y babea,
y se anda uno meando solo y no se puede recordar
quién llamó esta mañana? ¿O que, si lo quisieran,
podrían alterar las cosas y volver a la época cuando bailaban la noche entera,
o iban a sus bodas, o tiraban las manos algún septiembre?
¿o se imaginarán que realmente no ha habido cambio alguno,
y que siempre se habrían manejado como si fueran tiesos y tullidos,
o sentados a través de días de fina y continua ensoñación
mirando el movimiento de la luz? Y si no es así (y no pueden), es extraño:
¿Por qué no lloran?

Cuando mueres, te rompes: los pedazos que eras
comienzan a separarse velozmente los unos de los otros para siempre
y nadie lo ve. Es sólo el olvido, es cierto:
antes ya lo conocimos, pero entonces se estaba terminando,
y se hallaba todo el tiempo unido a la empresa
de hacer brotar la flor de mil pétalos de estar aquí. La próxima vez no puede fingir
que habrá algo. Y estos son los primeros signos:
No saber cómo, no escuchar quién, el poder
de elegir terminado. Su aspecto muestra que están para eso:
pelo ceniciento, manos de batracio, caras de pasa...
¿Cómo pueden ignorarlo?

Quizás ser viejo consiste en tener habitaciones iluminadas
dentro de tu cabeza, y gente en ellas, actuando.
Gente que conoces, sin poder nombrarla; apareciendo cada una
desde puertas entornadas como una honda pérdida restaurada,
depositando una lámpara, sonriendo desde una escalera,
extrayendo un libro conocido desde el estante; o a veces
sólo las habitaciones, las sillas y el fuego encendido,
el aplastado arbusto en la ventana, o la tenue amistad del sol
en el muro cierta solitaria tarde de mediados de verano
después de la lluvia. Allí es donde viven:
No aquí ni ahora, sino donde todo ocurrió alguna vez.
Por eso es que tienen

un aire de confusa ausencia, intentando estar allí
aunque permaneciendo aquí. Extendiéndose por las habitaciones,
dejando una incompetente frialdad, el constante esfuerzo de respirar
y ellos inclinándose ante el monte de la extinción., los viejos tontos, no percibiendo nunca
cuán cerca está. Esto debe ser lo que los mantiene quietos:
Aquel monte que nunca perdemos de vista dondequiera que vayamos
ya es para ellos un elevada cuesta. Pueden acaso decir qué los está retrasando
y cómo terminará. ¿No por la noche?

¿Ni cuando llegan extraños?
¿Jamás, a lo largo de toda esta espantosa inversión de la infancia?
Pues bien, ya lo averiguaremos.

PHILIP LARKIN : "Ventanas altas"




Al ver a una joven pareja
y pensar que él se la coge y ella
toma anticonceptivos o usa un diafragma,
comprendo que ese es el paraíso

que cualquier viejo ha soñado su vida entera
olvidando ataduras y ademanes
como a una antigua segadora, y los jóvenes
bajando interminablemente, en su largo resbalón

hacia la felicidad. Y quisiera saber
si, cuarenta años atrás, alguien me miró,
mientras pensaba: así debería ser la vida;
no más Dios, ni sudores nocturnos

a causa del infierno, o tener que ocultar
lo que piensas sobre el sacerdote. Él
y los suyos se irán en un largo resbalón
como libres pájaros sangrientos. E inmediatamente

antes que las palabras surge el pensamiento de altas ventanas:
vidrios que contienen el sol
y más allá, el profundo aire azul, que nada muestra
ni está en ninguna parte y es infinito.

PHILIP LARKIN : "Olvidar lo pasado"




Detener lo cotidiano
era aturdir la memoria,
partir desde la nada.

Algo ya no cicatrizado
por tales palabras, por tales acciones
como un desolado despertar.

Deseaba terminarlos,
apuré el entierro
y volví la vista

como guerras e inviernos
extraviados tras las ventanas
de una opaca niñez.

¿Y las páginas vacías?
Debería llenarlas
con observaciones

de celestes repeticiones,
el día que brotan las flores
el día que los pájaros se van.

PHILIP LARKIN : "Los árboles"




Los árboles ya comienzan a brotar
como algo casi a punto de ser dicho;
los nuevos tallos descansan y se propagan,
su verdor es una especie de tristeza.

¿Se trata de que ellos nacen nuevamente
y nosotros nos hacemos más viejos? No, ellos también mueren.
Su truco anual de lucir nuevos
se inscribe en sus fibras en anillos.

Sin embargo, los incansables castillos desgranan
su gruesa madurez cada primavera.
Ha muerto el último año, parecen decir,
comencemos otra vez, otra vez, otra vez.

PHILIP LARKIN : "Condolencia en blanco mayor"




Echo cuatro cubos de hielo
que repican en el vaso,
agrego tres chorritos de ginebra,
una rodaja de limón
y dejo que las diez onzas de tónica
se mezclen espumosamente hasta el borde.
Entonces alzo mi vaso en solitario brindis:
Él dedicó su vida a los demás.

Mientras otros usaron como ropas
a los seres humanos en su vida,
yo me avoqué a llevarles, a quienes pude,
la extraviada...
No funcionó para ellos, tampoco para mí,
pero así, toda inquietud estuvo más próxima
(o así lo creímos) al gran desvelo
que de habernos equivocado separados.

Un tipo decente, realmente de buena estirpe,
muy recto, uno de los mejores,
recio como un ladrillo, un as, buen compañero,
cabeza y hombros por sobre los demás;
¿cuántas vidas habrían sido más insípidas
de no haber estado él aquí entre nosotros?
Salud por el hombre más blanco que conozco.

Aunque el blanco no sea mi color favorito.