Es
así: periódicamente el dinero me reprocha
por
qué lo dejo aquí sin utilizar.
Soy
lo que nunca tuviste, el sexo y las cosas buenas.
Tú
puedes conseguirlas firmando unos cuantos cheques.
Entonces
miro qué hacen los demás con el suyo:
seguramente
no lo dejan debajo del colchón.
Ellos
ya tienen una casa en la playa, un auto y una mujer:
está
claro que el dinero alguna relación guarda con la vida
-en
efecto, tienen mucho que ver si lo averiguas:
no
puedes postergar la juventud hasta que jubiles
y por
más que deposites tu sueldo, al final
tus
ahorros apenas te permitirán pagar una afeitada.
Escucho
el canto del dinero. Es como mirar
desde
lo alto de un ventanal una ciudad de provincia,
sus
barrios, el canal, las iglesias adornadas y locas
bajo
el sol de la tarde. Es intensamente triste.

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