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6 de mayo de 2015
PHILIP LEVINE : "Ginebra"
La primera vez que bebí ginebra
pensé que debía ser tónico para el cabello.
Mi hermano birló la botella
a un tipo cuyo padre tuvo
un almacén que vendía bebidas alcohólicas
en aquella época antigua, honorable
en la que estas cosas eran consideradas
una droga. Tres de nosotros nos pasamos
la botella, cada trago aumentaba
nuestra incredulidad. ¿La gente paga
por esto? La gente debe conseguirla
de la misma forma que teníamos que conseguir
las mujeres que nunca tuvimos cerca.
(En realidad eran las niñas, pero
no importa, lo importante
era su impenetrabilidad).
Leo, el tercer pirado del grupo,
sugirió a mi hermano que tenía que haber
birlado whisky o brandy canadiense ,
pero Eddie defendió su elección
en base a las expresiones
"Casa de la Ginebra" y "Carril de la ginebra",
que indicaban la superioridad
de la ginebra en el mundo de la bebida,
un mundo en el que estábamos entrando sin
saber lo difícil
que podría ser la salida. Tal vez la felicidad
llegaría con la bebida
sólo después de un cierto período
de aprendizaje. Eddie la comparó
a la autoflagelación del hombre santo
para experimentar la plenitud de la fe.
(Estaba muy instruido para ser un chaval
de catorce años educado en la escuela pública)
Así que hicimos hueco y pasó la botella
una segunda y luego una tercera vez ,
en silencio cada uno de nosotros esperaba
alguna transformación . "Uno se acostumbra
a ella ", dijo Leo. " No le sacas
el gusto, pero te acostumbras a él"
Ahora sé que las neuronas
se fueron muriendo sin propósito terrenal,
que tres muchachos se estaban volviendo
cada vez más desespiritualizados
incluso cuando tenían en sí mismos
estos espíritus, pero entonces pensé
que estaba en el último reparto del mundo
con las estrellas de cine, que poco tiempo después
me estaría afeitando porque
el pelo brotaría
por la pradera plana
de mi pecho y se hundiría, incluso
en la ingle, que primero las niñas
y después las mujeres se sentirían atraídas
por mis encantos. Sorprendentemente, más tarde
sucedió algo de esto, pero
primero había que vaciar la botella,
y tres chicos
tenían que vaciarse de todo
lo que habían tomado tan dolorosamente
y por el medio aún más doloroso
de inclinarse por turnos sobre
la taza del inodoro
para cumplir su penitencia. A continuación
liar los cigarrillos, la inutilidad
de los programas garantizados
ejercicio, las mentiras elaboradas
de conquista que nadie se creía,
formas de tortura sexual y
de rechazo inimaginables. A continuación
nuestro cumpleaños decimoquinto,
acné, desodorantes, ladillas, ungüentos,
cortes de pelo masculinos, la solicitud de registro,
las victorias militares y políticas
de Dwight Eisenhower, que nos trajo a
Richard Nixon con la esposa y el perro.
Cualquier maravilla intentamos con la ginebra.
13 de abril de 2015
PHILIP LEVINE - "Una fábrica abandonada, Detroit"
Las puertas están encadenadas, la cerca de alambre de púas se mantiene en pie,
una autoridad de hierro contra la nieve,
y este gris monumento al sentido común
resiste la intemperie. Temores de manos desocupadas,
de protesta, hombres confabulados, y de la lenta
corrosión de sus mentes, todavía cargan contra esta cerca.
Más allá, a través de ventanas rotas se puede ver
donde las grandes prensas hacían una pausa entre un golpe y otro
y así permanecen, en el aire suspendido, atrapado
en el margen seguro de la eternidad.
Las ruedas de hierro fundido se han parado; uno cuenta los rayos
cuyo movimiento difuminaba, los puntales que combatió la inercia,
y calcula la pérdida de poder humano,
experto y lento, la pérdida de años,
la progresiva decadencia de la dignidad.
Vivieron hombres dentro de estas fundiciones, hora tras hora;
nada de lo que forjaron sobrevivió a los engranajes oxidados,
lo que podría haber servido para moler su elogio.
(Traducción de Jonio González)
PHILIP LEVINE - "Puedes conseguirlo"
Mi hermano llega a casa desde el trabajo
y sube las escaleras hasta nuestra habitación.
Oigo la cama quejarse y sus zapatos caer
uno a uno. Puedes conseguirlo, dice.
La luz de la luna se derrama sobre la ventana
y su rostro sin afeitar palidece
como la cara de la luna. Dormirá
hasta después del mediodía y despertará para descubrir que me he ido.
Treinta años pasarán hasta que yo recuerde
ese momento en que de pronto supe que cada hombre
tiene un hermano que muere cuando él duerme
y duerme cuando se alza para enfrentarse a esta vida,
y ambos, juntos, son solo un hombre
compartiendo un corazón que siempre trabaja, manos
amarillentas y cuarteadas, una boca que boquea
en busca de aliento y pregunta:, ¿lo conseguiré?
Toda la noche en la fábrica de hielo había alimentado
la rampa con sus bloques plateados, y después yo
apilé cajas de naranjada para los niños
de Kentucky, un gris furgón por vez
y siempre otros dos esperando. Tuvimos veinte años
por poco tiempo y siempre con
la ropa equivocada, encostrada de suciedad
y sudor. Ahora pienso que nunca tuvimos veinte años.
En 1948, en la ciudad de Detroit, fundada
por De la Mothe Cadillac para las lejanas intenciones
de Henry Ford, nadie nació o murió,
nadie caminó por sus calles o cebó un horno,
porque allí no existió ese año, y ahora
ese año se ha desprendido de los viejos periódicos,
calendarios, citas médicas, bonos,
certificados de matrimonio, permisos de conducir.
La ciudad dormía. La nieve se volvió hielo.
Hielo convertido en charcos o ríos
corriendo en las cunetas. Después la hierba lustrosa surgió
entre miles de cuadrados partidos,
y esa hierba murió. Te devuelvo 1948.
Te doy todos los años desde entonces
hasta el próximo. Devuélveme la luna
y su frágil luz cayendo sobre un rostro
Devuélveme a mi hermano, joven, rudo
y furioso, con sus anchos hombros y una maldición
para Dios y unos ojos ardientes con los que contempla
la creación y dice: Puedes conseguirlo.
(Traducción de Jonio González)
PHILIP LEVINE - "Últimas palabras"
Y si el zapato se cayera del otro pie
¿quién lo oiría? ¿Si la puerta
se abriera a la pura oscuridad
y no fuera un sueño? ¿Si tu vida
acabara de la forma en que acaba un libro
con media página en blanco y los supervivientes
adentrándose en África o la locura?
¿Y si mi vida acabara al acabar la primavera
de 1964 mientras camino a solas
bajando la carretera de la montaña?
Canto para mí una vieja canción. Estudio
la forma en que la nieve resiste, gris
y empapada, bajo la sombra de los abetos.
Me pregunto si la bicicleta estará a salvo escondida
solo un poco más allá del camino. Hacia arriba
la carretera, negra y sinuosa, se pierde
de vista, allí donde se encuentra el valle en el que
viví la mitad de mi vida, fantasmal
y tranquilo. Doy gracias con un suspiro,
y después siento un extraño dolor surgirme
de la parte de atrás de la cabeza,
y se me oscurecen los ojos. Me doblo hacia delante
y apoyo las palmas sobre algo áspero,
el negro asfalto o un campo de rastrojos,
y el movimiento es el del penitente
justo antes de que se levante del todo
con el conocimiento de su enormidad.
Durante ese momento que sobrevivirá
la quema de todas las pequeñas bolsas
de grasa y aceite que son el alma,
yo soy el alma que alcanza hasta
la última falange de mis dedos
y más allá, brillando como diez cirios
en la cripta de la noche para cualquiera
que pueda ver, incluso aunque sean
las 12:40 de la mañana y yo
haya pasado de la oscuridad a un sol
tan feroz que el sudor me chorrea
por los ojos. No me levanto.
Un viento o un animal perdido o un grupo
de niños me arrastra hasta un lado
de la carretera y me da la vuelta
para que mis ojos abiertos se inunden de cielo.
Mis ropas se escabullen carretera
abajo sin mí, inflándose
en múltiples formas, enloquecidas
con la liberación. Mis monedas, anillos,
las llaves de la casa se hicieron añicos
como un trozo de hielo y cayeron entre
las espinas y hierbas de la montaña, como puntos
brillantes que te hacen pensar que hay magia
en todo lo que ves. No, no puede
ser, te dices, pues alguien te está hablando
con calma con una voz que reconoces.
Alguien con vida y confiado ha escrito
cada una de estas palabras exactamente
como las quería en la página.
Has vivido a lo largo de años
de rechazo, de libelo público, de muerte
cayendo como nieve en cualquier cabeza
que eligiera. No eres un niño.
Conoces la verdad. Estoy
aquí, como siempre estuve, leal
a una necesidad de hablar incluso cuando todo
lo que oyes es una leve corriente de aire
que te cosquillea en la oreja. Tal vez.
¿Pero y si ese montón seco
de hojas y tierra no fuera tierra
y hojas sino las gastadas obleas
de un deseo de ser humano? Detén el coche,
apaga el motor, y quédate
en el silencio que envuelve tu vida. Observa
cómo la hierba refleja el fuego, cómo
un viento remonta la colina
con paso seguro hacia ti hasta que te entra
en los oídos como una respiración que va
y viene, liberada de sus ataduras
a la sangre o el habla y que nada desmiente.
(Traducción . Andrés Catalán)
¿quién lo oiría? ¿Si la puerta
se abriera a la pura oscuridad
y no fuera un sueño? ¿Si tu vida
acabara de la forma en que acaba un libro
con media página en blanco y los supervivientes
adentrándose en África o la locura?
¿Y si mi vida acabara al acabar la primavera
de 1964 mientras camino a solas
bajando la carretera de la montaña?
Canto para mí una vieja canción. Estudio
la forma en que la nieve resiste, gris
y empapada, bajo la sombra de los abetos.
Me pregunto si la bicicleta estará a salvo escondida
solo un poco más allá del camino. Hacia arriba
la carretera, negra y sinuosa, se pierde
de vista, allí donde se encuentra el valle en el que
viví la mitad de mi vida, fantasmal
y tranquilo. Doy gracias con un suspiro,
y después siento un extraño dolor surgirme
de la parte de atrás de la cabeza,
y se me oscurecen los ojos. Me doblo hacia delante
y apoyo las palmas sobre algo áspero,
el negro asfalto o un campo de rastrojos,
y el movimiento es el del penitente
justo antes de que se levante del todo
con el conocimiento de su enormidad.
Durante ese momento que sobrevivirá
la quema de todas las pequeñas bolsas
de grasa y aceite que son el alma,
yo soy el alma que alcanza hasta
la última falange de mis dedos
y más allá, brillando como diez cirios
en la cripta de la noche para cualquiera
que pueda ver, incluso aunque sean
las 12:40 de la mañana y yo
haya pasado de la oscuridad a un sol
tan feroz que el sudor me chorrea
por los ojos. No me levanto.
Un viento o un animal perdido o un grupo
de niños me arrastra hasta un lado
de la carretera y me da la vuelta
para que mis ojos abiertos se inunden de cielo.
Mis ropas se escabullen carretera
abajo sin mí, inflándose
en múltiples formas, enloquecidas
con la liberación. Mis monedas, anillos,
las llaves de la casa se hicieron añicos
como un trozo de hielo y cayeron entre
las espinas y hierbas de la montaña, como puntos
brillantes que te hacen pensar que hay magia
en todo lo que ves. No, no puede
ser, te dices, pues alguien te está hablando
con calma con una voz que reconoces.
Alguien con vida y confiado ha escrito
cada una de estas palabras exactamente
como las quería en la página.
Has vivido a lo largo de años
de rechazo, de libelo público, de muerte
cayendo como nieve en cualquier cabeza
que eligiera. No eres un niño.
Conoces la verdad. Estoy
aquí, como siempre estuve, leal
a una necesidad de hablar incluso cuando todo
lo que oyes es una leve corriente de aire
que te cosquillea en la oreja. Tal vez.
¿Pero y si ese montón seco
de hojas y tierra no fuera tierra
y hojas sino las gastadas obleas
de un deseo de ser humano? Detén el coche,
apaga el motor, y quédate
en el silencio que envuelve tu vida. Observa
cómo la hierba refleja el fuego, cómo
un viento remonta la colina
con paso seguro hacia ti hasta que te entra
en los oídos como una respiración que va
y viene, liberada de sus ataduras
a la sangre o el habla y que nada desmiente.
(Traducción . Andrés Catalán)
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