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9 de abril de 2015

JUAN RODOLFO WILCOCK - No es dramático ser tu esclavo







No es dramático ser tu esclavo
o dependiente, o adorador a destajo,
sólo queda esperar tu capricho
y entretanto constatar la solemnidad
con que se desarrollan los fenómenos diurnos
y nocturnos, los tintes de las nubes,
la peculiar afabilidad de la gente,
la agilidad del aire y los movimientos,
las felices y frecuentes insolaciones,
la callada melodía que se eleva
de una ciudad que mira hacia el Gianicolo,
de donde siempre es posible que tu bajes
riendo en dirección al Tíber que te ama
porque siempre le estás pasando encima.
¿Y quién querría entonces vivir en otra parte,
dejar esta capital enjoyada
por tí, por tí y por ti en cada colina
y puente y ministerio y supermarket,
bajo un batir de alas transparentes
quién no querría llevar tus sandalias?

JUAN RODOLFO WILCOCK - ¡Y vete, eres demasiado enamorante!






¡Y vete, eres demasiado enamorante!
Demasiado seda para este plástico roto,
demasiadas esmeraldas, hebillas con jabalíes,
y cuando te acaricias la mirada con las pestañas,
yo Ravenna y Pisa en un asiento
no sé por dónde comenzar a admirarlas,
ni sé manejar con un Tiziano al lado
que de reojo y a lo lejos, entre arbolitos,
muestra como un secreto un agua azul
pero de un azul que no es más que una idea,
la idea del fondo que está más allá del fondo
de un laberinto como tú de belleza,
que del marfil me lleva hasta las perlas
y de las perlas a la espuma de mar
y de la espuma...¡Baja de este auto,

eres demasiado enteramente cautivante!