En el puente de Waterloo, donde nos
dijimos adiós,
las condiciones meteorológicas me
hacen llorar.
Me las seco con uno de mis negros
guantes de lana
y trato de no darme cuenta de que me
he enamorado.
En el puente de Waterloo intento
pensar:
No es nada. Estás colocada de
carisma y alcohol.
Pero en la gramola que llevo dentro
suena una canción
que dice otra cosa. ¿Y cuándo no ha
acertado?
En el puente de Waterloo con el
viento en el pelo
estoy tentada de saltar. Estás
idiota. Me da igual.
La cabeza hace lo que puede pero
manda el corazón:
lo reconozco antes de llegar a
cruzar al otro lado.

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