No dejo de pensar que un día también a mí me bajará
la regla, que me durará décadas hasta que se acabe por completo, que un mes
detrás de otro la sangre correrá entre mis piernas. Me parece terrible. Además,
en casa no hay compresas y eso me deprime aún más. Aunque me venga, no pienso
decírselo a mi madre. Lo voy a hacer todo a escondidas. Leí en una novela que la
protagonista "recibía" su primera regla (¡"recibir", como si se pudiera decir
algo así en lugar de "tener" la primera regla!) En uno de los diálogos la chica
se mostraba muy agradecida: "¡Gracias, gracias! Al fin podré convertirme en
madre algún día. ¡Gracias por darme la vida, mamá!". Aquello me sorprendió
tanto, que tuve que leerlo varias veces para comprobar que era cierto lo que
estaba escrito. En las novelas, cuando una chica tiene su primera regla, todo el
mundo se pone muy contento, lo habla con su madre que le explica comprensiva:
"¡Ya eres una mujer, cariño!" A mis amigas les han organizado una ceremonia de
felicitación en la que se come el arroz con judías rojas típico de las
celebraciones. ¡Cómo si hubiera algo que festejar! Es demasiado. Parece que en
las novelas las cosas ocurren siempre por algún buen motivo, como si de esa
manera quisieran empujar a los lectores a que sintieran lo mismo, obligarles a
pensar de una determinada forma. El otro día en el colegio, en uno de los
cambios de clase, una chica dijo que ya que había nacido mujer quería tener
hijos algún día. Parece ser que solo por el hecho de sangrar por ahí una se
convierte en mujer. Luego se pusieron a hablar de qué es una mujer, de por qué
somos nosotras las que damos la vida y todo eso. ¿Qué motivo hay para estar tan
orgullosa? ¿Qué hay de bueno en ello? A mí no me parece que tenga nada de
maravilloso y a lo mejor por eso me repugna. Son los libros que nos obligan a
leer los que cuentan así las cosas. Nos hacen pensar que todo es maravilloso. Yo
en cambio, me doy cuenta de que tengo un cuerpo que tiene hambre, que tiene
ciclos hormonales, que funciona sin preguntarme nada, ajeno a mi voluntad. Es
como si estuviera encerrada en él. Por la simple razón de nacer hay que vivir
(...)
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