“La civilización no suprime la
barbarie,
la
perfecciona”.
Voltaire
Señor, usté, el que
fuere
de usté mi
aparecido!
Me instalo picadito
queseyó,
revoleo mi suma de
oscilantes,
de ser no mío nunca el que
decide,
juicioso pie de lances
sometidos
en el quedo sin qué do mal me
brego,
sin cabayo, sin daga ni
tabaco,
ni siquiera redil mi
menoscabo
en los campos albores todo
brisa,
pinché de imagen, ésta es mi
figura:
andar en pata arreando la
finisca,
sin hospedaje en las
ciudades,
sin calibres de historia mi
futuro
en pozos desta tierra
desterrado,
ni de poste se luce mi
malambo
II
Observe, su cauce
accede,
pliega su norma,
tiéndese
que no que sí la siempre
mueca,
¡señor, usté, el que
fuere
de mí su
aparecido!,
viruelas le supuran de la
especie,
es suyo lo mío cosa
yunta
que se fija binaria de
condena,
si se viera, si viera en
mí
su par sacrificado, su cuerpo
rey
trocado en desertor y
malnacido,
tan usté malogrado en mi
negrada,
con su espesor desértico de
padre
aquí, en la torsión donde me
escurro,
aquí, en los remiendos del
guachito,
viento sisal de mis costuras
sopla
III
No exagero si le digo que
tengo
pajaritos Sindiós en mi
cabeza,
me
vienen
de ayá, del masayá de
ayá,
del convulsivo piar de mi
añoranza,
unos por aquí, otros a
distancia,
todos en santiamén de
patrocinio,
ninguna mezcla de vuelo,
ninguna
duda pa’terrizar en mi
cabeza,
como cualidá que se requiere
salva,
tinieblas gratinadas del
fantasma,
aquí, en el pensoso, se me
juntan,
se purgan, se maltrechan entre
sí,
aquí procrean sus naves
incestuosas,
aquí tienden sus días
emotivos
en repulsivo coito sus
alturas
IV
¡Señor, el que
fuere
de usté mi
aparecido!,
sujéteme, preságieme,
intúyame,
necesito un lugar en mi
rezago,
entiéndame, no es mucho la
cuestión,
ya verá si no es verdá esto que
digo:
ni sacramentos ni
eternidá
de suavidá en gloria mi
sustancia,
ni ramazón teológico, ni
tampoco
el deleite que viene con la
gracia
o pureza del dolor
escatimada,
cosas del día,
mensurables,
yo le
pido,
y disculpe si
profano,
pero puestas las cosas deste
modo,
en el cerco de quién que me
recluye,
que me regula ratoneando
esencias,
decoros del fugaz
aparecido,
tan poco me hace falta,
digo,
cobijas en el catre, lana
materna,
trabajo sin destajo,
vestimenta
por si una china en alza me
lucubra
con sus trenzas florando mi
ternura,
todo
cerca,
en la
mira,
comprensible
V
Ahora me doy cuenta, ahora
sí
me veo de
corrido,
soy parte suya, patrón,
pareciendo
usté que goza, yo su rastro
seco,
usté se luce y yo ni de
aparato,
cuál haya sido su intención, no
sé,
paga poco el maltrato que me
da,
¿no le hubiera valido más un
reino
extendido en imagen con la
suya,
y que sean cuales fueren las
distancias
yo siguiese de usté la
lejanía?,
si todo lo puede, ¿por qué no
pudo
hacer deste que soy, que le
desciende,
alguien emancipado con
orguyo
en el diario crecer de sus
dominios?
Claro, me dicen, vengo de
pernada,
no soy la cepa pura de su
clase,
usté es heredero de
prosapias,
el regocijo es alto en su
cocina,
afuera está la chusma que
trabaja,
y en los ranchos, benditas de
melaza,
chinitas que le trancan su
lujuria,
no sea que extrañe,
patrón,
sus raudales de
soltero.
Bien jodido será su
proceder
que de juerga nomás, de puro
dueño,
me larga la perrada
judicial
mientras duermo enroscado en
mis deleites
de malón que acamala sus
borregas.
En la dormida usté me
crucifica,
estoy al palo y Dios, acaso el
Diablo
–jerarcas son los dos en el
Oscuro–,
el juez, el comisario, los
letrados,
la murga del Estado
liberal,
todos con su reputísima
jeta,
todos con la sotana en triste
yama
pezuñan en mi verga mientras
gritan:
“¡Cabecita pijudo
malparido,
sin perdón arderás con tu
pecado,
y ni pa’l meo te quedará
chorizo!”
Entonces desperté, quedar
tuyido
no estaba en mis desgracias esa
noche,
me repalpé, migraba donde
siempre,
sin quemas de mí, ni blando ni
erecto
el canelón suavito que la
dama
busca para saber de su
reyeno.
Suerte, me dije, aun en
cautiverio
mi malón se alzará con la
cautiva
VI
Uy, uy, uy, qué lances, patrón,
qué gesta
manoplan sus ricinos en
palacio,
todo legal, cubil
parlamentario
me ordena combatir en la
frontera
al bolita, al paragüa, lo que
venga
parduzco en las mejiyas
contemplado.
Y usté, antes patrón, fue
general,
vistió casaca, flecos al
dorado,
medayero, sombrero
Napoleón,
lienzos ceñidos, lástima las
nalgas
cayendo en pulpa e’ pera ya
madura,
larga capa de británico
paño
y botas relucientes como el
filo
de una daga lamiendo una
mejiya.
Ni albos ni oscuros, éramos
mestizos,
malón en cautiverio,
montonera
crujida en los destinos de la
patria.
La comida era mala, pero
caña,
caña fuerte para reír nos
daban
luego de matar, esa era la
transa.
La máscara fatal nos
valentona:
carne de muerte igual que
l’enemigo,
la misma piel, la misma ropa
sangra,
la misma barba crespa en las
viruelas.
En la loma, montado, el
general
medita en los degüeyos de la
historia:
chupa un mate, lo endulza con
guindado,
en silencio se baja del
cabayo
y a la sombra del árbol
auspicioso
se juega un ajedrez con su
teniente.
Abajo es lo de menos, sangre
sobra
y a tronar el doquier
civilizado,
“el coraje es mejor”, eso lo
alegra,
abajo se masacran los
iguales,
abajo la bataya siempre
gana,
ningún dolor enluta su
ironía
VII
Me sacaron del cepo porque el
indio
en tierra magra rinconando
l’anca
merecía por ser lenguaje
infiel
la marca de verdá en lo
cristiano:
exterminio total o
esclavitú
de sus cuerpos adictos al
demonio.
De nuevo a la bataya me
ordenaron,
cada indio que cacés tendrás en
premio
caña, tupida juerga,
pulpería
y el púlpito de Dios en las
alturas
murmuyando oración en tu
rebenque.
Entonces me dije, ¿de qué?, ¿de
quién
soy su aparecido?, el patrón,
mi padre,
me desecha por ser de la
pernada,
el general me arroja en su
bataya,
sobrevivo y la ley me
cancerbera,
Dios, el oscuro Dios de las
iglesias,
me cilicia los faunos cuando en
sueños
me prendo en los encajes de mi
dama,
ni catrera ni terrenito
tengo
donde afincar mi culo los
domingos,
con otros tapes soy de la
partida
que embosca al indio vichador
de estancias.
Es noche de tinieblas, noche
muerta,
ni ruge ni acaricia el cierzo
antiguo
ni la maleza es pilcha de
fantasmas,
es casi mudo el habla de la
tierra.
Lo que embisto es mujer, es
cosa frágil,
los hombres se relamen que da
gusto
y un chanfle de memoria me
tenebra:
esas tetas y vientre fueron
madre
y yo soy su raspón
americano,
“me tendrán que matar si de
cogerla
es saña la que plena sus
agayas”,
eso les grité, mal
entrecruzadas
las palabras, y nada los
detuvo,
vinieron sobre mí, me
redujeron,
me alisaron el cuero con
lonjazos
y no morí, ya ven, lo estoy
contando,
la india dejó su sangre como
abono
y murió en mitá de un
porongazo.
“Ya vas a ver la lidia que te
espera”
dijeron mis
iguales
con risas deste
mundo
VIII
Madre se me hace herida,
patrón, madre
fue casi como usté, pero
tendida,
fue casi como usté, pero
yorosa,
madre como arpiyera su vientre
pardo
yace donde usté la poltronó
sumisa,
yace con su marca de patrón
sudado,
usté rechoncho de grasa
despareja
ni una masita le trajo pa’
rendirla,
usté, como quien yerra su
ganado,
coge sin ver y con asco de
lujuria,
ni la perfumó siquiera con sus
galas
de hombre generoso en el
kilombo,
sabe, uno a usté no le pide
complacencias,
ni estilo ni rococó ni ropa
fina,
ni cabayerosidá siquiera uno le
pide,
pero algo de su vulgar pago de
coimas,
un ruidito sin meya en sus
alforjas,
usté, tan ducho en manejar la
mercancía,
ni un biyete le dejó para
pañales,
fue así que de su lechosa
porquería
nací yo sin que nadie me
quisiera,
usté cogió y se fue,
abotonando
su chaqueta de patricio a lo
francés,
los meses que pasé dentro e’ mi
madre
los yevo de convicto
endemoniado,
yo me quedé ahí, navegando
turbio,
ya de feto en malicia de
venganza,
mi madre hizo poco de
alimento,
no me mató porque estaba
escrito
que de olfato, patrón, en usté
daría
mi respirar de puma en la
yanura.
Entre mis planes oiga el que le
cuento:
me gozaré a sus hijas, las de
su mundo,
la grosaré cautivaditas en mi
rancho,
ya verá, ya verá qué lindos
cabecitas
le escupirán la jeta cuando
grandes
vengan por usté, papá, a
desquiciarlo
IX
Escarbo en mi gujero y meten
miedo
su esqueleto formal, los
percheros
donde cuelga la carne de mis
días,
tan fornidos turbiones en la
lucha
cuando pampa y jinete eran
cadencia
y los vientos me alzaban
luminoso
y era lindo andar sin
disciplina.
Miremé, cepiyado por la
ley
son tientos mis andrajos
pulmonares,
quebrado el esternón, manco el
zurdaje,
ni con puré me chairo los
colmiyos
y barbijos de fusta me
acicalan.
Miremé, tan enclenque me
acorralo
en las chapas sinuosas del
escabio,
por si acaso nomás si se me
dieran
ciertos bríos de pronto
cacheteando
la margura social que
calavera,
digo que vengaría deste
cuerpo
sus plenos revoleados en
desgracia
X
Tan magro y semifijo me
retuerzo
ciñendo mis rebusques
quejumbrosos,
peludear hacia arriba todo
alma
y que su sino crudele no me
arrime,
es el nublado, un don de las
alturas
la baraja torcida con mi
suerte
petaleando barrosa sin
figura,
escarnio que me parte la
cabeza.
En el fondo, me pienso, lo que
duele
es el pasmo, el resueyo
tragantado,
el fin sin fin del tiempo donde
purgo
guacho mi ayer, mi jeta pozo
negro
XI
Verme arribar en ascos de la
historia,
todo fardo el cenobio de mis
cruces,
tierras de pan yevar la de unos
pocos
que lontanan premura con sus
goces,
bendichas del cristiano que
acamala
templos de gloria en áureos
duraderos,
yo de Jesús profeso el
sacrificio
y peno por cribarme con el
tinto
cuando el cuerpo me cruje
punitivo,
azadón de mi carne es la
conciencia,
y así nomás me doy en
entelequias,
perjuro mi sostén, me muerdo en
humo,
liviano como sábana en
penumbra
voy donde quieran ir mis
resentidos,
vengan, les promiscuo mi
avería:
áspero, débil, abandonao,
contrito,
los sudores me tripan mancha
helada
a mercé del sangrado
subcutáneo,
pata y corazón juntos en mi
tacha,
soy convicto, enfermedá, soy
estorbo
en la luz provechosa de
provincia,
los pagos del destierro son mis
pagos,
no hay rumbo que pabile este
desierto,
ya ni lejanías pienso de
consuelo
XII
Nada hay como lamerse
codiciado
y usté sabe, patrón, que lo
codicio,
que mis piernas están donde su
rumba
parroquia omnipotente los
estrados,
grite nomás, patrón, que yo le
cumplo,
no tengo drama en humiyar
orguyos,
yo quiero ser usté cuando
latiga.
Usté sale y me ve, medio
acabado
pero firme en mis lienzos
dependientes,
yo le envidio, papá, su casa en
orden,
los cauces de la ley que lo
potencian.
Su escalón de abajo, eso vengo
a ser,
usté, de verme, baja la
mirada,
yo, pa’ verlo, la subo hasta
marearme,
usté es como Dios en
entrecasa.
Usté suma, decreta, es
armazón
de misal su posar
indiferente,
su sombra es amplia, mueve las
alturas,
mi sombra va de bajo, es como
tela
que se arrastra pesada por la
mugre.
Así da lo social a cada
humano
un lugar en el mundo: usté
domina,
yo clamo ser de usté que me
rebalsa,
nada hay como lamerse
codiciado,
a usté le sobra lo que a mí me
falta,
no es cosa personal, es el
manubrio,
usté maneja y yo que me
deshago
XIII
Y de paso, papá, y ya que
está,
puesto que vino a dar en estos
yuyos
con todos los engarces de su
gloria
a presenciarme saldo que
rebaña,
¿vino a fantochear, vino a
darse dique,
a solfear con mi olor en
matadero,
a tirarme un subsidio si lo
voto
y que empoyen, patrón, sus
multitudes?
Mire lo que soy, fusca
ensangrentada,
digo poco si le digo que me
ofende
arrimando un pociyo a mi
ventura,
más poco si le digo hijo de
puta.
No finja que no sé que usté me
sobra,
con plata cualquiera goza, con
plata
usté ronca su reyeno, con
plata
no hay zanja que le niegue sus
enjuagues.
Usté viene de estar en donde
quiso,
yo devengo de hacer lo que me
ordena,
cuídese, mesié, no se le hagan
contra
los pliegues de su toga
enarbolada.
Ya no tengo lugares de
cobijo,
chingado del camino me hago
solo,
recuérdeme, papá, en
montonera,
caudiyo de mi muerte yo lo
mato
XIV
Cuando a uno se le fruncen las
costuras
y se le prende junta la
malaria
–la propia que viene por mal
nacido
y la otra, la adquirida en lo
social–,
solo el can del husmeaje se te
arrima,
y digo bien, no pifio cuando
afirmo
que si venís de lejos en
pobreza
sos del hermano impuro, el que
contagia
olor de peste y mal agüero
encima.
Retirao del litigio
ciudadano
quise emprender solaz en el
desierto:
mi china, mi corcel y cuatro
chapas
donadas en el siglo
venidero
–premio por mis acoples al
progreso–,
con eso lugareño plan de
vida
tracé en los potreros de mi
mente,
y así con apariencia de
destino
deserté de ley, vivo como
tierra
que aspira de su viento
mientras labra.
No retengo de más, no fluyo
menos
que lo mucho que miro en
lejanía,
la china ceba, vuelvo la
mirada
hacia yanuras doctas de su
altura,
no tengo prisa en maniatar y
gozo,
con el pucho
embriago
mis fiebres de
soñante,
me esencio baruyando
simetrías

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