sin el animal que habita
dentro de nosotros
somos ángeles
castrados
Hermann
Hesse
Te atraen mis
palabras
a mí tu
piel
puertas
entreabiertas
al tiempo
salvaje
en un juego
inocente
de
laberintos
sin apostar las
ganas
con la
arena
de relojes
caducos
saltando al
vacío
con el deseo
latente
bajo los
labios
para
desnudarnos
por dentro
primero las
palabras
luego los
cuerpos
descifrándonos
con la lujuria
penitente
del placer
sin escatimar
suspiros
ni
caricias
respiración
acompasada

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