Es de noche o madrugada y
las rocas
de la pendiente relumbran. La
luz
se desprende del sufrimiento y borra
la mano que la toca. Las
figuras
son máscaras que nadie desaloja.
La sombra también ilumina, Padres.
Cierro los ojos al dolor y nombran
los otros lo que ven. Sufren y arden
encadenados, solos, ciegos, juntos
y perdidos, construyendo ciudades
donde vivir a tientas. Y en la fosa
encontramos nuestro país, la música
de los exiliados, aquel
idioma
nuevo, viejo y olvidado a la vez.

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