22 de abril de 2015

PHILIP LARKIN de "El barco del Norte"



XVI

A la una la botella está vacía;
a las dos, el libro fue cerrado;
a las tres, los amantes yacen separados,
ya realizado el comercio del amor.
Y ahora las luminosas manecillas del reloj
indican que son más de las cuatro,
esa hora nocturna en que los vientos vagabundos
sacuden la oscuridad.

Y me muero de ganas por dormir;
tanto que apenas puedo creer
que el río silencioso que sale de la cueva
no sea poderoso ni profundo;
sólo una imagen elegida para presumir.
Me acuesto y espero la llegada de la mañana y de los pájaros,
los primeros pasos bajando por las calles todavía sin barrer,
las voces de las niñas abrigadas con bufandas.
 
 
 
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XIX
 
Subiré los treinta peldaños hasta mi pieza
y me acostaré en mi cama;
dejaré que la música, el violín, la trompeta y el tambor
lentamente duerman mi cabeza.
Ya que en la juventud no fui embrujada
ni conducida hacia el amor,
escucharé a los árboles en su amable silencio,
al viento que se agita.
 
 
 
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XXV


La mañana se despliega de nuevo
A través de cada calle,
Y somos extraños otra vez;
Porque si nos encontramos
¿Cómo puedo decirte que
La última noche te me apareciste
De improviso, en un sueño?
Y cómo olvidar
Que desgastamos amor alegremente
Hablando sin sentido
Como amigos, como lo que serán
Esos que dejaron morir la pasión dentro de su corazón.
Ahora, mirando expandirse el rojo crepúsculo,
Me pregunto cómo el amor pudo ponerse
En sueños, cuando no nos vimos
Más veces de las que puedo contar con los dedos de una mano.








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XXIV


Amor, debemos separarnos: no hagamos que sea
desgraciado ni amargo. En el pasado
hubo demasiada luna y autocompasión:
dejemos que termine: ahora cuando nunca antes
el sol atravesó con más brío el cielo
ni los corazones tuvieron más ganas de ser libres,
de derribar mundos, devastar bosques; vos y yo
ya no los sostenemos; somos cáscaras, que ven
cómo el grano se emplea para otro uso.

Hay arrepentimiento. Siempre, hay arrepentimiento.
Pero es mejor que nuestras vidas se desaten
como dos barcos, llevados por el viento, húmedos de luz
que parten con sus rumbos ya fijados,
y ondulando se separan en el agua, y se pierden de vista.








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XXVI


Esta es la primera cosa
Que comprendí:
El tiempo es el eco de un hacha
En un bosque.








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XXVIII


¿Esto es por ahora o para siempre,
Que el mundo cuelga de un rama?
¿Son una ilusión o un lugar de encuentro
Los bosques que encontramos donde pasear?

¿Son un espejismo o un milagro,
Tus labios buscando los míos:
Y los soles como pelotas de un malabarista
Son una truco o una señal?

Brilla, mi ángel súbito,
Quiebra el miedo con el pecho y la frente,
Te recibo ahora y para siempre,
Para siempre es siempre ahora.






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XXX


Así, durante ese día verde cargabas con tu cabeza
Y el día se arrancó y supo amargo
Como si aún guardara el frío entre las hojas
En cambio
Fue tu imagen seria la que se hizo más dulce
La que flotó con alas rígidas, enfocada en el sol
Entre la incertidumbre y estallidos de vergüenza
Extinguiéndose antes de dormirme. Ahora sos esa
A la que no me atrevo a pensar viva: tan sólo un nombre
Que a veces resuena, como una creencia
Incrustada hace tiempo en el pasado estático.

El verano reventó y se agotó. Ahora estamos a salvo.
Los días pierden fe, y pueden enfrentarse
Puertas adentro. Esta es tu última hora, cortada y pegada
Con detalle: pasatiempo de un invierno de provincia.



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