Jorge Quiroga sonríe. Quiere
hablar.
Pregunta y acentúa la e, la
alarga. Espera.
Hizo lugar.
Pinta.
No le importan los puños, los
lleva abiertos.
Huésped bueno de cielos
infelices.
–Vieja cita de una rusa
desconocida–.
Jorge siempre está ahí,
recordando
mientras repite bajito.
mientras repite bajito.
Insiste.
Cuando escucha, queda un poco en
el aire.
Vuelve a
sonreír.
Jorge trata, ordena, sabe,
salva.
Desamparo claro, elegido. Jorge
mira bien.
Sin particular
fuerza.
Y dice. Escribe o
piensa.
Se demora mucho en las letras.
Se demora mucho en las letras.
Camina a
trancos.
y descubro que es bárbaro
tirano
pero me regala sus pinturas y
una vez dijo:
San Libertella como
nadie.
El archivo que es el diario
enloquece. Corre.
Da la confianza que los que nos
rodean quitan.
Ahí, uno, en un rato, se
acomoda.

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