21 de abril de 2015

JOHN ASHBERY - "Alguien a quien has visto antes"




Era una noche para escuchar a Corelli, Geminiani
o Manfredini. Las mesas fueron tendidas con bellos manteles blancos
y buques de flores. Afuera de los ventanales
la lluvia horadaba sin piedad el jardín de roca, que le quitaba importancia
a todo el asunto. Tanto los negocios como la diversión esperaban
con labios entreabiertos, por tantos nuevos modos de estar
con la propia emoción y monitoreándola al mismo tiempo
era dicha en silencio. Incluso los mozos estaban felices.

Era el ejemplo de cuánto puede uno animarse
sin romper el caparazón de la intimidad que nos rodea,
y el resto también. "Pasamos tanto tiempo
tratando de convencernos de que somos felices que no reconocemos
lo verdadero cuando llega", dijo el empleado de Disney.
Debemos admitir que lo tiene claro. Si siguiéramos a la naturaleza
más de cerca nos daríamos cuenta de ello, quiero decir meter la cabeza
en el barro y su incertidumbre de ella. Entonces es como si
la felicidad nos quedara chica, y no al revés, como se cree
por lo general. Somos los personajes en su novela,
y cualquiera que dude solo necesita mirar por la ventana
más allá del reflejo de él o de ella, hacia la luminosa, copiada,
atemporal verdad no oficial merodeando por ahí,
esperando la señal para entrar en acción en un escenario público,
alegre o amenazante, da lo mismo, mientras sepamos que
está adentro, aquí con nosotros.

Pero la gente en la vida cambia,
así como en la ficción. ¿Y qué pasa? ¿Es porque pensamos que nadie
está escuchando que un día llega la urgencia de borrarse,
"Matate", como dicen? Como si esto pudiera importarle
incluso a los que se preocupan y se amontonan alrededor,
expresiones de liviandad y de paz en sus rostros,
en los que no tienes ningún rol quizás, pero aun así
su felicidad es para ti, es tu cumpleaños, e incluso
cuando los globos y la falsedad se mezclan con los buenos
deseos superfluos de todos lados, son, creo, para ordenar
tu actitud inquisidora y la impresión
que queda en el interior de tu placer por algún bivalvo
con quien te sientes identificado. Por supuesto,
nada es lo suficientemente perfecto, pero esto es parte de cómo encaja
en la variada bolsa
de los restos del personaje que solía ser parte de ti
antes de que el cambio ocurriera
y de todos esos conocidos emergiendo con vigor y
humor, como si quisieran convocarte
hacia la intimidad, no por ser íntimo, o acogedor, o lo que fuere,
sino porque creen que fuiste hecho para esta única
y valiosa situación cuya tapa se abre, por completo
hacia la gloria matinal del colorido futuro. Recuerda, no tires
el cuadrante de situaciones no habituales solo porque están ahí.
Pueden no estar siempre, y no has terminado de mirar a través
de ellas aun. Mucho de lo que pasa pasa de algún modo
que alguien iba a llegar para tabular, y nunca lo hizo,
y aun así todo denota frescura, claridad y un viaje uniforme
para persuadirnos de no dormir y nos lleva a preguntarnos qué nos dejarán
después la nueva tanda de impresiones y saludos
esta vez. Y la forma, los preceptos, son tuyos para hacer lo que te place,
como el océano hace hierbas, y al hacerlo renueva un faro
en una colina distante, o si no deja que la imagen completa se escurra en la espuma.

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