13 de abril de 2015

JANINE AEPLY de "Una chica casadera" (1961)





Todos los ruidos habituales, roces de sillas, carraspeo de gargantas, toses apagadas, restregamiento de pies, crujidos, chirridos de polvo; más cerca la ropa se ablanda con el calor.

Un auténtico bosque que invierte sus hojas, las orienta en todos los sentidos.
Apertura: raja, orificio, espacio vacío en el interior de un cuerpo, principio, inauguración destinada a ambientar la obra que sigue a continuación. ¡Música! ¡Comedia! Cierto, la innegable superioridad de la mujer sobre el hombre; él cae en la trampa. Basta con representar una escena y añadir: ¡poséeme! ¡Teatro! Los tres timbres. El silencio se mantiene gracias al pesado telón que cuelga con sus pliegues canalizados hacia el suelo de modo que permanezca cerrado. La espera, minutos tan largos como los de la noche antes de que aparezca desnudo, impúdico, un bosque o una calle, una habitación despanzurrada, un vientre.


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